
Ambiente
MARIO A. MUÑOZ
Las especies nativas, como el cedro, representan una oportunidad de riqueza para el país. LA PRENSA/Archivo.Las posibilidades de desarrollar al país forestalmente ha sido un viejo anhelo, que al pasar los años no se ha cristalizado.En plena crisis de calentamiento global, el ritmo de deforestación en el país avanza a 12 mil hectáreas por año y la superficie reforestada se mantiene en unas 71 mil hectáreas.Esa situación se da a pesar de que los inversionistas reforestadores tienen entre sus beneficios descuentos en el impuesto de renta, deducciones impositivas en la compra de maquinarias y equipos para el desarrollo del proyecto.Carlos Gómez, de la Autoridad Nacional del Ambiente, reconoce que hay un gran consenso sobre la importancia del sector porque de los bosques depende el agua y el sector energético, la observación de aves y la seguridad alimentaria.Gómez asistió en Sao Paulo, Brasil, a una conferencia internacional donde destacó el potencial y la vocación forestal de los suelos panameños, un conjunto potencial que suma 700 mil hectáreas.
Son altas las posibilidades de cultivar especies nativas, añade, para la exportación y como ventajas se encuentran las condiciones climatológicas.Sin embargo, Marisa Vallarino, presidenta del Comité Nacional de Gestión Forestal, destaca que desde que se promulgó la Ley de Incentivos en 1992 esta ha sufrido una serie de cambios, lo que ha paralizado completamente la actividad.“Los reforestadores no siguen estableciendo nuevas plantaciones forestales”, señala Vallarino, quien considera que el Estado puede hacer mucho más, como establecer incentivos que “permitan incorporar estas tierras de vocación forestal a la economía nacional, las cuales pueden generar empleos directos e indirectos, captar divisas, disminuir la migración campo-ciudad y contribuir a la mitigación del cambio climático”.
Vallarino explica que la reforestación es considerada una actividad nueva y a largo plazo, por lo que la banca no ha abierto carteras de crédito especiales para la actividad.
En los primeros 10 años el reforestador requiere de un flujo de efectivo constante de capital para el manejo.Por el poco mercado que existe, añade, los productos provenientes de plantaciones forestales, específicamente de los raleos, han resultado difíciles de comercializar.
El reforestador no tiene las posibilidades de colocación directa de sus productos en el mercado internacional. La poca industria forestal no se interesa por esta materia prima, por tener una demanda local casi nula y porque su transformación requiere de inversiones especiales.
Se necesita de asistencia para encontrar mercados para estos productos.El comité está promoviendo la aprobación de una nueva ley forestal para mejorar este escenario, donde solo de cuatro a seis compañías han seguido con el establecimiento de nuevas plantaciones forestales.
Son altas las posibilidades de cultivar especies nativas, añade, para la exportación y como ventajas se encuentran las condiciones climatológicas.Sin embargo, Marisa Vallarino, presidenta del Comité Nacional de Gestión Forestal, destaca que desde que se promulgó la Ley de Incentivos en 1992 esta ha sufrido una serie de cambios, lo que ha paralizado completamente la actividad.“Los reforestadores no siguen estableciendo nuevas plantaciones forestales”, señala Vallarino, quien considera que el Estado puede hacer mucho más, como establecer incentivos que “permitan incorporar estas tierras de vocación forestal a la economía nacional, las cuales pueden generar empleos directos e indirectos, captar divisas, disminuir la migración campo-ciudad y contribuir a la mitigación del cambio climático”.
Vallarino explica que la reforestación es considerada una actividad nueva y a largo plazo, por lo que la banca no ha abierto carteras de crédito especiales para la actividad.
En los primeros 10 años el reforestador requiere de un flujo de efectivo constante de capital para el manejo.Por el poco mercado que existe, añade, los productos provenientes de plantaciones forestales, específicamente de los raleos, han resultado difíciles de comercializar.
El reforestador no tiene las posibilidades de colocación directa de sus productos en el mercado internacional. La poca industria forestal no se interesa por esta materia prima, por tener una demanda local casi nula y porque su transformación requiere de inversiones especiales.
Se necesita de asistencia para encontrar mercados para estos productos.El comité está promoviendo la aprobación de una nueva ley forestal para mejorar este escenario, donde solo de cuatro a seis compañías han seguido con el establecimiento de nuevas plantaciones forestales.
Esta noticia refleja una vez mas la malversacion de los recursos naturales qu enuestro bello Panamá posee, lastimosamente en nuestro pais no infringen todas las leyes de conservacion ambiental y como muestra un boton los mil y un proyecto que a diario vemos viento en popa y ningun de ellos logra cumplir con las leyes de plantar un arbol.
ResponderEliminarDe igual forma la poca plaanificaion esta creado en nuestro paies una atmosfera poco natural a la cual hace pocos años lograbamos tener y respirar un aire puro.
AYUDEMOS A LA CONSERVACION DE NUESTROS VALIOSOS RECURSOS